PreTextos: La Biblioteca de Komura

Publicado en Febrero 17, 2010 por julio

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La Biblioteca de Komura
de Kaka en la Orilla / Haruki Murakami


 

LA BIBLIOTECA KÓMURA
extracto de la obra 
Kaka en la Orilla / Haruki Murakami
 
 

Argumento

La historia central, narrada en primera persona por Kafka Tamura. Kafka (que significa cuervo en checo y cuyo nombre se asignó el personaje mismo para nombrar su nuevo yo) es un joven de 15 años que escapó de su casa en Nogata, del distrito de Nakano en Tokio, donde vivía con su padre, el famoso escultor Koichi Tamura. Para irse lejos de él, para no perderse, el muchacho, quien conversa con frecuencia con el joven llamado Cuervo, una voz interior y autónoma, viaja a Takamatsu, huyendo de una profecía o maldición que desde pequeño le había imbuido su padre: a él lo mataría y se acostaría con su madre y su hermana, a quienes no conoce pues lo abandonaron de pequeño con su padre. En esta huída llega a la Biblioteca Conmemorativa Komura, institución de carácter privado subvencionada por una rica familia productora de sake. Allí conoce a Oshima, un joven al que más que guapo sería más exacto calificarlo de hermoso.Oshima resultará ser una mujer, un ser andrógino

Esa biblioteca la dirige la señora Saeki, elegante y bella mujer que en su juventud fue autora e interprete de una canción que se hizo muy popular, llamada Kafka en la orilla del mar, tema que se corresponde con un cuadro que adornaba la habitación del primogénito de la familia Komura, novio de la joven Saeki. La señora Saeki vive siempre en aquel tiempo que quedó detenido.

Extractos:
       
 
La lluvia que cae en el bosque, la lluvia que cae sobre la superficie del mar, la lluvia que cae en la autopista, la lluvia que cae sobre la biblioteca, la lluvia que cae en el fin del mundo.
 
-El mundo es una metáfora, Kafka Tamura -me dice Oshima al oído-. Pero ¿sabes? Tanto para ti como para mí, esta biblioteca es lo único que no es la metáfora de nada. Esta biblioteca es sólo esta biblioteca. Eso quiero que quede bien claro entre nosotros.
 
-Por supuesto -digo.

-Es una biblioteca muy sólida, muy personal, muy especial. Y nada puede reemplazarla, .cuando el teléfono deja de sonar-. Oportunidades importantes,  posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo. Pero dentro de nuestra cabeza, porque creo que es ahí donde debe de estar, hay un pequeño cuarto donde vamos dejando todo esto en forma de recuerdos. Seguro que es algo parecido a las estanterías de esta biblioteca. Y nosotros, para localizar dónde se esconde algo de nuestro corazón, tenemos que ir haciendo siempre fichas catalográficas. Hay que limpiar, ventilar la habitación, cambiar el agua de los jarrones de flores. Dicho de otro modo, tú deberás vivir hasta el fin de tus días en tu propia biblioteca
 
 
«Nakata me dijo que antes de morir, aunque sólo fuera una vez, quería volver a poder leer. Poder ir a la biblioteca y leer tanto como quisiera. Pero ha muerto sin ver cumplido su deseo. Claro que quizás, en el otro mundo, como Nakata normal, sí sepa leer. Pero mientras estuvo en éste, no logró jamás cumplir su deseo. De hecho, lo último que hizo Nakata fue, por el contrario, quemar montones de letras. Enviar a la nada la enorme cantidad de palabras que allí estaban escritas, sin dejar una sola. Qué ironía. Por eso mismo voy a hacer que se cumpla su último deseo. Cerrar la puerta de entrada. Es algo vital. Total, ni siquiera pude llevarlo al cine o al acuario.»
 

(pag 74)

 
 
 
Nakata y Hoshino leyeron hasta las dos. Nakata estuvo devorando con la mirada la compilación de fotografías de muebles, y las fue subrayando con gestos. Aparte de las dos señoras, por la tarde acudieron tres lectores más. Pero Nakata y Hoshino eran los únicos que deseaban visitar el interior de la biblioteca.
 
-¿No importa que seamos sólo dos? Me sabe mal que se tenga que tomar tanto trabajo sólo por nosotros -le dijo Hoshino a Oshima.
 
-No se preocupe. Aunque sólo hubiera una persona, la directora de la biblioteca se la mostraría encantada -dijo Oshima.
 
A las dos, una hermosa mujer de mediana edad descendió las escaleras. Andaba con la espalda erguida, con elegancia. Llevaba un traje azul marino de corte severo y zapatos negros de tacón. El pelo se lo había recogido atrás y en el amplio escote lucía un fino collar de plata. Muy refinada, de buen gusto, sin nada superfluo. -Buenas tardes. Me llamo Saeki. Soy la directora de la biblioteca – dijo. Y sonrió plácidamente-. Aunque lo cierto es que sólo trabajamos en ella Oshima y yo.
 

(Pag. 112)
 
 
 

Pasadas las doce llegaron dos lectoras (dos mujeres de mediana edad), y ellos decidieron hacer un descanso y salir afuera. El joven, para comer, había traído pan. Nakata llevaba en la bolsa el pequeño termo lleno de té, como siempre. Hoshino se acercó al mostrador, le preguntó a Oshima si podían comer por allí cerca. -Por supuesto -respondió Oshima-. En el corredor que da al exterior, allí podrán almorzar mirando al jardín. Después, si lo desean, pueden tomarse un café. Aquí hay café preparado. No duden en servirse.
 
-Muchas gracias -dijo Hoshino-. Esta biblioteca es como muy familiar, ¿verdad?
 
Oshima sonrió y se echó el flequillo para atrás.
 
-Sí, es algo distinta a otras bibliotecas. Se la puede llamar familiar, en efecto. Nosotros no deseamos otra cosa que crear un espacio íntimo y acogedor donde se pueda leer a gusto. «Muy simpático el chico este», pensó Hoshino. Intelectual, atildado, con pinta de ser hijo de buena familia. Y además amable. «Debe de ser marica», pensó. Pero Hoshino no tenía prejuicios contra los homosexuales
 

(pag 115)

 
-Si disponen ustedes de tiempo, hoy a partir de las dos efectuaremos una pequeña visita guiada por el edificio. Siempre que haya alguien que lo desee. Las realizamos todos los martes. La directora de la biblioteca explica, entre otras cosas, los orígenes de esta biblioteca. Y hoy, casualmente, estamos a martes.

 
(pag. 118)

 
  Cuento los días. Estamos a martes. Hoy, la señora Saeki –si hay algún visitante, por supuesto– efectuará la pequeña visita guiada por el interior de la biblioteca, igual que siempre. Como el día que crucé por primera vez el portal de la Biblioteca Conmemorativa Kómura. Ella sube las escaleras sobre sus finos tacones. El eco de sus pasos resuena por el interior de la biblioteca. Las medias brillantes, la blusa inmaculada, el pequeño par de perlas en sus orejas, la Montblanc sobre el escritorio. Su sonrisa plácida (aunque proyecte la
larga sombra de la resignación). Todo eso queda muy lejos ahora. Nada me parece siquiera real.

(pag. 128)

Imaginas qué debe de estar haciendo ella ahora. Es lunes y la biblioteca está cerrada. ¿En qué diablos debe emplear la señora Saeki los días de descanso? Te la imaginas sola en su apartamento. Lavando la ropa, preparando la comida, haciendo la limpieza, yendo de compras: imaginas estas escenas, una tras otra. Cuanto más lo imaginas, más agobiante te parece estar aquí. Piensas que eres un cuervo intrépido y que te escapas de la cabaña de las montañas. Vuelas por el cielo, cruzas los montes, te detienes junto a su ventana, te
quedas mirándola eternamente.

(pag. 142)

La biblioteca desierta posee algo que me conmueve. Todas las palabras, todas las ideas descansan allí en silencio. Siento deseos de mantenerla tan hermosa, limpia y tranquila como pueda. De vez en cuando me detengo y contemplo los libros mudos que se alinean en las estanterías. Acaricio los lomos de algunos de ellos. A las diez y media llega del aparcamiento, como siempre, el ronroneo del motor del Mazad Road Estar, luego aparece Ôshima con rostro ligeramente soñoliento. Charlamos un rato hasta la hora de apertura de la biblioteca.
 

Pag. 194

Nakata no sólo no es inteligente. Nakata está vacío. Acabo de comprenderlo. Nakata es como una biblioteca sin libros. Hace tiempo no era así. Yo tenía libros dentro. Lo había olvidado durante años, pero ahora sí me acuerdo. Antes, Nakata era como todo el mundo. Pero un día ocurrió algo y Nakata se convirtió en un recipiente vacío.
 

Pag. 202

Haber ido a la biblioteca por primera vez en su vida le había hecho adquirir una viva conciencia de las cosas que ignoraba. El número de cosas que desconocía era ilimitado. Sin embargo, pensar en el infinito le produjo a Nakata un ligero dolor de cabeza. No deja de ser lógico, pues el infinito no tiene límite.
 

Pag. 207

En cuanto abandoné su casa me vine a la biblioteca, Oshima me llevó en coche a su cabaña, pasé unos días solo en el corazón de las montañas, desde donde era imposible telefonear. Después volví a la biblioteca, inicié aquí una vida nueva, un trabajo nuevo, empecé a ver por las noches el espíritu vivo (o algo parecido) de la señora Saeki.

Pag 239

 

Si ustedes tienen tiempo para ir a una pequeña biblioteca de una pequeña ciudad, husmear por todas partes y tratar de poner pegas a cómo están los lavabos y las fichas catalográficas, también podrían encontrar otras maneras más efectivas de defender los justos derechos de las mujeres de este país. Nosotros nos desvivimos para que esta biblioteca sea de alguna utilidad en la región. Hemos reunido una excelente colección de textos para gente que ama los libros. Ponemos todo nuestro corazón en el trato con el público. Quizás ustedes no lo sepan, pero nuestra colección de estudios y documentos sobre poesía, que abarca desde la era Taisho hasta mediados de Shówa, goza de una gran reputación en todo el país. Tenemos defectos, por supuesto. Y también limitaciones, eso ni siquiera hace falta decirlo. Pero hacemos cuanto podemos. Fíjense más en lo que hemos conseguido y menos en lo que no hemos podido conseguir. ¿Acaso no reside en esto la justicia?

pag 355

Es lunes y la biblioteca está cerrada. De ordinario, en la biblioteca reina el silencio, pero los días de descanso el silencio resulta incluso excesivo. Parece que el tiempo se haya olvidado de ella. O bien, que esté conteniendo el aliento para que el tiempo no la descubra. Al final de un pasillo que nace en la sala de lectura puede verse un rótulo que dice:
PERSONAL,

pag 362

A las cinco, cuando me dispongo a dejar la biblioteca, Oshima sigue en el mostrador leyendo el mismo libro. En su camisa no hay una sola arruga, como de costumbre. Y algunos mechones del flequillo le caen sobre el rostro, igual que siempre. A sus espaldas, en la pared, las agujas de un reloj eléctrico avanzan suavemente, mudas, hacia delante. Todos los objetos que rodean a Oshima se mueven con pulcritud y silencio. Me cuesta creer que sude o que alguna vez tenga hipo. Levanta la cabeza y me entrega la mochila. Al pasármela hace una mueca, como si fuera demasiado pesada para él.

pag. 494

Hasta el anochecer, decido matar el tiempo en una biblioteca. Había averiguado de antemano qué bibliotecas había en los alrededores de Takamatsu. Desde pequeño, yo siempre he matado las horas en las salas de lectura de las bibliotecas. No son muchos los sitios adonde puede ir un niño pequeño que no quiera volver a su casa. No le está permitido entrar
en las cafeterías, tampoco en los cines. Únicamente le quedan las bibliotecas. No hay que pagar entrada y, aunque vaya solo, no le dicen nada. Allí puede sentarse y leer todos los libros que quiera. A la vuelta de la escuela, yo siempre iba en bicicleta a la biblioteca municipal del barrio. Incluso los días festivos solía pasar largas horas allí solo. Cuentos,
novelas, biografías, historia: leía todo lo que encontraba. Y, cuando había devorado todos los libros infantiles, pasaba a las estanterías de obras para el público en general y leía los libros para adultos. Incluso los que no entendía los leía hasta la última página. Y cuando me cansaba de leer, me sentaba ante los auriculares y escuchaba música. Carecía por completo de cultura musical, así que iba escuchando por orden todos los discos que había, empezando por la derecha. Y así fue como descubrí la música de Duke Ellington, los Beatles, Led Zeppelin.

La biblioteca era como mi segunda casa. En realidad, es posible que fuera mi verdadero hogar. A fuerza de ir cada día acabé conociendo de vista a todas las bibliotecarias. Ellas sabían mi nombre, me saludaban al verme y me dirigían frases cariñosas (aunque yo muy pocas veces respondía porque soy terriblemente tímido).

pag. 524

El día de mi decimoquinto cumpleaños me escapé de casa, me marché a una ciudad desconocida y empecé a vivir en un rincón de una pequeña biblioteca.
Claro que si contara las cosas por orden, tal como ocurrieron, el relato se extendería una semana más. Sin embargo, si tocamos sólo los puntos esenciales, eso fue lo que ocurrió: el día de mi decimoquinto cumpleaños me escapé de casa, me marché a una ciudad desconocida y empecé a vivir en un rincón de una pequeña biblioteca.

Quizá parezca un cuento de hadas. Pero no lo es. De ninguna de las maneras.

 pag 556

 

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Escrito en: Literatura y Bibliotecas, Principal

3 Comentarios to “PreTextos: La Biblioteca de Komura”

  1. jose gomez Dice:

    Gran lectura, y utilísima la recopilación de estos textos para los amigos de las bibliotecas
    Gracias por tu gran blog y tantos servicios a las comunidad bibliotecaria

  2. julio Dice:

    José, viniendo de quien vienen estos comentarios aún son más gratos para mi, porque realmente eres una persona que las cosas que hace las hace con un gran gusto y amor y profesionalidad. Porque vienen de una persona de las que más admiro de nuestra profesión

  3. Pilar Dice:

    Qué bonita selección de textos, aunque en el caso de “Kafka” podrías haber sido más explícito, que el libro se lo merece.

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La biblioteca de la Facultad de Traducción y Documentación, por su pertenencia a la estructura bibliotecaria de la Universidad de Salamanca y el carácter que le imprime su personal es un "lugar" abierto al universo; que en el mundo real se ubica en:
C/ Francisco Vitoria 6-16 C.P. 37008
Salamanca (España)
Tfno: +34 923 29 45 80
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